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	<title>Jean-François Revel &#187; Español</title>
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		<title>La Casa vacía de Jean-François Revel</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 21:23:29 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Jean-François Revel fue enterrado, el 5 de mayo de este año 2006, en el cementerio parisino de Montparnasse, donde reposan otros ilustres intelectuales franceses del siglo pasado como Sartre o Aron. Serenamente vivió sus últimos días en el hospital, acompañado por su hijo, el monje budista Matthieu Ricard, quien así lo ha testimoniado, por Claude Sarraute, su segunda mujer,   y por el ensayista Olivier Todd. </p>
<p>Revel abre sus <em>Memorias: El ladrón en la casa vacía</em>, confesando una íntima convicción suya que mueve a la perplejidad: “Pero apenas hay día en que, estando a la mesa, en la cama, en la calle, en la playa, no deje escapar un ronco gemido de pesar y de vergüenza. Es que -continúa Revel- vuelve a morderme el recuerdo de una fatal torpeza, de alguna reacción vulgar, de alguna mentira vil, de una fanfarronada ridícula cometidas por mí hace mucho tiempo, hace poco o anteayer”.</p>
<p>Pues bien, los sentimientos de cuantos han frecuentado sus trabajos y sus días son precisamente  los opuestos: no hay  ocasión en que, al leer sus escritos o al tomar conocimiento de sus apuestas intelectuales y vitales, la reacción  no sea sino la de una profunda estima y gratitud.</p>
<p>Y estos sentimientos se han convertido en razones, se han transformado en la razón primordial que estos últimos meses  convoca a cuantos han venido testimoniándole su reconocimiento ante tantas pruebas de rigor intelectual, de respeto a la verdad y de coraje cívico.</p>
<p>Gracias al ejercicio íntegro de la inteligencia, gracias a no pasar por movimiento mal hecho, Jean-François Revel ha constituido, en el último medio siglo, una referencia lúcida e insobornable en el análisis de la política europea e internacional y en el examen de las ideologías.</p>
<p>En virtud de su respeto a la verdad, Revel ha visto cumplidamente encarnado en su persona aquel ruego de Paul Claudel : “Je ne demande q’une seule chose: voir clair, bien voir les choses comme elles sont, et non comme je les désire” .</p>
<p>En fin, con valentía personal, y con una escritura eficacísima, adornada de un humor genuino, Revel -que siempre se ha definido como persona de izquierda- ha expuesto y defendido sin desmayo aquellas conclusiones a las que le conducían el cultivo de la inteligencia y de la verdad.  </p>
<p>Siendo persona de figura tan pública como franca, sin recovecos, no está de más recordar los aspectos más destacados de su vida. Hasta el bachillerato fue alumno de los jesuitas en Marsella, donde nació en 1924; y, casi enteramente a esa circunstancia, atribuye haber perdido pronto la fe, de manera que ya educó a sus hijos en la escuela laica, si bien criticó siempre que ésta limitara su asepsia al ámbito de las creencias, abriéndose frívolamente a la politización y traicionando así su genuina naturaleza, a saber, la neutralidad que no se subordina a ningún dogma, ni religioso ni político.</p>
<p>Durante la ocupación alemana, fue alumno de la veterana Escuela Normal Superior y participó, desde sus dieciocho años, en la Resistencia, con el sobrenombre de Ferral (mientras el futuro líder del comunismo francés, Marchais, mantenía actitudes cercanas al invasor y el del socialismo, Mitterrand, titubeaba).</p>
<p>A los 21 años, recién casado e influido por su mujer, entra en el círculo de un extraño gurú georgiano, Gurdjeff, que predica con seducción irresistible una mediocre doctrina esotérica de inspiración oriental y que exige a sus discípulos, en su mayoría gentes notables de la sociedad parisina, el pago mensual de una cuota acorde con sus ingresos; aquella experiencia, que juzgó luego como degradante, le permitió descubrir –e inmunizarse para siempre contra ellos- los mecanismos de la convicción totalitaria, que define literalmente como “la aptitud de los hombres para persuadirse de la verdad de cualquier teoría, para construir en sus cabezas un aparato justificativo de cualquier sistema, hasta el más extravagante, sin que la inteligencia y la cultura sean capaces de obstaculizar tal intoxicación ideológica”. Y quizá por ello, su militancia en el Partido Comunista Francés duró tan solo tres días.</p>
<p>Ya como profesor y luego catedrático de instituto de Filosofía, se dedica durante quince años a la enseñanza, en muy varios destinos de la extraordinaria red de liceos que tiene Francia tanto en el país como en el extranjero. De su paso por México (1950-1952) y Florencia (1952-1956) guardará para siempre el conocimiento, el afecto y el interés por la lengua y la cultura italiana e hispánica, lo que le convierte en uno de los intelectuales franceses de más amplio dominio lingüístico, pues ya manejaba el alemán, el inglés y el portugués, y había frecuentado en sus versiones originales a los clásicos griegos y latinos. En México, ciudad entonces más cosmopolita que París o Roma, según su opinión, estimó en mucho a Alfonso Reyes, “príncipe del ensayo”, y la inteligencia de Octavio Paz, “el más grande de los escritores mexicanos de nuestra época”, pero también a algunas figuras del exilio español, como Álvaro Custodio y Luis Buñuel. Revel declara que la hispanidad quedó en su mente y en su corazón, de manera que adoptó la costumbre de leer “todos los días dos diarios en lengua castellana y cuando me faltan, me siento en el exilio”. En Florencia recuperó “la alegría de ser de nuevo soltero”, la frecuentación del “mundus mulieribus” y “la vida en el hotel, modelo de felicidad”, rompiendo con un matrimonio precoz que veía con rencor por haberle despojado de la libertad de la juventud, mientras le acarreaba innumerables dificultades materiales. Revel siempre tuvo horror por la familia y sus obligaciones y él mismo se sorprendió al verse arrasado por las lágrimas cuando, destinado en México, leyó en un taxi la carta que le comunicaba la muerte de su padre. </p>
<p>A los treinta tres años, publica con gran éxito su primer ensayo, <em>Pourquoi des philosophes?</em> A punto de cumplir los cuarenta,  abandona la enseñanza y se consagra a su carrera de escritor (publicará más de treinta libros), periodista (director de <em>L’Express</em> y editorialista de <em>Le Point</em>) y editor; una vida, en fin,  dedicada a las letras, que lo llevará a la Academia Francesa, entre los inmortales, rebasados ya los setenta años. Murió el 29 de abril de 2006, a los ochenta y dos.</p>
<p>Es este el panorama de una trayectoria que acertó a conciliar un ejercicio vital, epicúreo y humorado de la existencia con el cultivo sobresaliente de la docencia, el pensamiento y el periodismo.</p>
<p>A Revel le debemos la anticipación, en  fecha muy temprana, del triunfo de la revolución liberal sobre la socialista (<em>Ni Marx ni Jesús</em>, 1970), el diagnóstico de la seducción de los totalitarismos (<em>La tentación totalitaria</em>, 1976), de la naturaleza del terrorismo (<em>El terrorismo contra la democracia</em>,1987), su denuncia de cómo pervive en las reivindicaciones actuales el lastre de ideologías fracasadas trágicamente (<em>La gran mascarada</em>, 2000), su análisis del antiamericanismo (<em>La obsesión antiamericana</em>, 2002), sus observaciones sobre el odio que suscita la libertad, su denuncia de la irracionalidad de quienes, más que equivocarse, perseveran a sabiendas en el error, sin que su excepcional valía intelectual les prevenga de esa secreta aspiración a la esclavitud moral, o de cómo cierta ayuda al desarrollo acaba convirtiéndose en ayuda a las tiranías corruptas. Y, en otro orden de cosas,  Revel ha descollado también en la literatura gastronómica (<em>Un festín de palabras</em>, 1979) y como crítico de arte (<em>L’Oeil et la connaissance. Écrits sur l’art</em>, 1998).</p>
<p>Quizá hoy día, a la altura de este nuevo siglo XXI recién estrenado, a muchos les parezca trivial  que alguien considere como aportaciones igualmente reprobables a la historia universal de la infamia tanto la “solución final” nazi como el “gulag” soviético; pero, en pleno siglo pasado, consignar esa realidad y denunciar, como indigna y cobarde, la actitud de quienes -en el trance de aplaudir  las ideologías que las sustentaban- colaboraron en justificar o negar una u otra barbarie, constatar y denunciar ambas  cosas, entrañaba en aquella época un ejercicio inusitado de coraje.</p>
<p>Durante varios lustros, la cuestión central era, como dice el propio Revel, “escoger entre América y la URSS, entre los partidarios y los adversarios del Pacto Atlántico, del Plan Marshall, de la Europa del futuro (&#8230;) las tres cuartas partes de los intelectuales franceses y europeos, en tal coyuntura, habían optado con fogosidad por el suicidio de la democracia y la asfixia del pensamiento”. Y añade en otro momento: “En el debate de las ideas durante la segunda mitad del siglo XX, la historia ha dado la razón a Octavio Paz, Carlos Rangel y Mario Vargas Llosa, contra Raul Prebisch, Fidel Castro y Gabriel García Marquez”. La lista de las excepciones valientes podría ampliarse, por no salir del ámbito hispano, con nombres como los de Julián Marías, Semprun o Arrabal, pero debería incluir siempre, coronándola, la de aquellos intelectuales disidentes que, desafiando el castigo, la tortura o la muerte, luchaban por la libertad, denunciando la verdadera naturaleza del régimen que así los amenazaba; baste un nombre, el de Jan Patocka.</p>
<p>La denigración de la persona y el ostracismo respecto del ámbito intelectual y universitario  preponderante era, entonces, como bien nos ha contado Revel de su maestro Raymond Aron, o como ha acontecido con su amigo Mario Vargas Llosa, la respuesta inmisericorde surgida -se estremece uno al recordarlo- de la propia sociedad abierta. De esa intelectualidad pretendidamente libre que, al no poder rebatir las conclusiones lúcidas de Revel, sustentadas siempre en un acopio exhaustivo de datos, optaban por estigmatizarlo como derechista ultramontano, a él que con dieciocho años luchó en la Resistencia al nacionalsocialismo. Revel se acogía entonces a la frase de Jorge Semprun en <em>Federico Sánchez se despide de ustedes</em>: “De todas maneras, estoy hecho a ser tratado como un hombre de derechas por todo tipo de imbéciles”.</p>
<p>La trayectoria del ensayista francés  es ejemplar e irreprochable: en la gran disyuntiva ideológica y en el trance del compromiso vital e intelectual del pasado siglo, no era a Revel, según esa confesión suya que abre estas líneas, al que le correspondía gemir de vergüenza y pesar, salvo que deseara purgar en su ánimo el karma oscuro de algunos de sus coetáneos, algunos de ellos sí, con apuestas biográficas de muy escasa fibra ética.</p>
<p>Afortunadamente hoy, pese a las inercias, es sin duda amplia y extendida la comunidad de gentes que en esta sociedad globalizada se juzgan deudoras con Revel y se  sienten por tanto solidarias con los homenajes que hoy se le tributan; son aquellos individuos que se reconocen en el valor universal de su obra -la defensa de la libertad y de la democracia- y en la admiración por esas virtudes que acabo de enumerar: inteligencia, verdad y valentía.</p>
<p>Acaso existe un método Revel que facililite, ya que nada puede garantizarlo, un amplio grado de acierto a la hora de analizar la realidad y de defender las conclusiones del caso? De su obra, escogemos algunas propuestas y deducimos otras: en el trabajo intelectual, ir siempre a las fuentes, por la superioridad del original sobre la glosa y para desembarazarse del conocimiento inútil y la información manipulada; en el trato con esas fuentes, hacer prenda de lo que en ellas se dice o declara, no transigiendo con quienes (aun siendo los autores de tales palabras), pretenden, a posteriori, prohibir su lectura literal, para imponer sus interpretaciones espurias;  en el esfuerzo por hacerse con una verdadera cultura, optar preferentemente por las vías oblicuas, sin por ello desdeñar las vías canónicas; primar la intuición, en el sentido etimológico del término, esto es, “ver” antes de inducir o deducir; luego, no oponerse a lo evidente;  resistir la intimidación del entorno, que se presenta en forma de gran reputación intelectual, de revista o periódico bienpensante; no ceder en punto a ideas, gustos y sentimientos; huir de las capillas; practicar la persuasión indirecta, que consiste en llevar al lector a la ilusión de que descubre por sí mismo aquello que en realidad se le está apuntando; a la hora de escribir un artículo, es lícito pensar en el lector, pero en el caso de un libro, la disposición de ánimo es la contraria: escribir para sí mismo, ligado a una fuente que se halla tan solo en uno mismo; procurar el servicio a la verdad o, al menos, el firme propósito de servirla; si se opta por la polémica, acudir a ella sin reticencias, con caridad tampoco, pero sí con humor; en fin, “el frescor del trabajo matinal, que ha sido siempre mi preferido”.</p>
<p>Debemos concluir evocando la vinculación de Revel con España, pues es cierto que además de esa universal estimación que se le debe al personaje, merece Jean-François Revel un reconocimiento específicamente español. En efecto, la proximidad al mundo hispánico, desde su lejano destino como profesor y agregado cultural en México, ha permitido a Revel entender directamente, sin necesidad de traducción, el acontecer político de nuestra historia reciente. Sin embargo, no se ha limitado a entender ese acontecer, sino que entonces se propuso también explicarlo e incluso participar en él, desde su tribuna de periodista y escritor.</p>
<p>Es obligado recordar que Revel, en una hora temprana, frente al recelo y cautelas de tantos,  quiso ofrecer su colaboración a los medios que en la España de entonces más destacaron en la recuperación de las libertades, como Cambio 16, en un gesto de   lucidez y también de simpatía; inauguró así una presencia intelectual y periodística que ha sido recurrente en la prensa española hasta casi el día de hoy.</p>
<p>Pero, aún más, por fidelidad a sus convicciones más profundas, tuvo también la hombría de defender, en aquella Europa todavía estática ante nuestros requerimientos, la legitimidad de nuestras preocupaciones esenciales.</p>
<p>Revel abogó en aquellos años por la pronta incorporación de nuestro país a las instituciones europeas y occidentales, siendo valedor, ante los reticentes, de la sinceridad de nuestra apuesta por la democracia.</p>
<p>Revel fue, en sus colaboraciones periodísticas desde la segunda mitad de los años setenta, el intelectual francés  -y quizá europeo- que denunció, el primero y en solitario, la insolidaridad internacional ante la lucha de España contra el terrorismo. Estremece releer este párrafo suyo de 1980, aunque ya es historia: “Imaginemos que existe en Francia una poderosa organización terrorista que lucha por la independencia de Alsacia, cuyos miembros cometen de media un atentado al día y matan un centenar de personas al año. Imaginemos que esos terroristas tienen sus bases en Alemania&#8230;donde se repliegan para escapar a la policía francesa, donde viven a la vista de todos. Imaginemos en fin que las autoridades alemanas rechazaran ayudar al gobierno francés (&#8230;) Acaso París aceptaría tal espantada, acaso dudarían nuestro gobierno, parlamento, nuestro pueblo, a la hora de acusar a Bonn de complicidad, cobardía, egoísmo, irresponsabilidad europea? Esta es, sin embargo, la forma en que Francia se comporta con España respecto del terrorismo vasco”.</p>
<p>Hoy día, en que esa colaboración internacional contra el terror se proclama como uno de los desafíos primordiales de la sociedad mundial, es preciso reconocer que Revel ya la exigía hace más de veinticinco años, una prueba más de cómo la inteligencia respetuosa de la verdad es un instrumento, el mejor, para la predicción del porvenir.</p>
<p>En fin, esa vinculación de Revel con nuestro país se ha acercado ya a los treinta años; tiene pleno sentido recordar que, en este caso, España sí ha sabido ser agradecida con su trayectoria; entre los miles de libros y pertenencias de su casa ya tristemente vacía se encuentra la Gran Cruz de Isabel la Católica, concedida, en mayo de 2003, precisamente por aquella real persona que  encarna la memoria y la continuidad de todo ese devenir histórico.</p>
<p>Pedro Calvo-Sotelo</p>
<p><em>Revista de Occidente</em>, nº 308, Enero 2007, 121-129</p>


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		<title>Varios recursos en español</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 17:56:40 +0000</pubDate>
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Jean-François Revel (liberalismo.org)
La Gran Mascarada
La obsesión antiestadounidense
El defensor de la libertad de Francia
Un muerto que nace todos los días, por Federico Jiménez Losantos
Revel, o el compromiso, por Fernando Díaz Villanueva
La obsesión antiamericana, por José García Domínguez
El Ladrón en la casa vacía, por Carlos Semprún Maura
El siglo de Revel, por Horacio Vázquez-Rial
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<li><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Fran%C3%A7ois_Revel">Jean-François Revel (liberalismo.org)</a></li>
<li><a href="http://usuarios.iponet.es/ddt/revel-gm.htm">La Gran Mascarada</a></li>
<li><a href="http://http://www.lainsignia.org/2003/diciembre/int_039.htm">La obsesión antiestadounidense</a></li>
<li><a href="http://www.gees.org/articulo/2474/">El defensor de la libertad de Francia</a></li>
<li><a href="http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/693">Un muerto que nace todos los días</a>, por Federico Jiménez Losantos</li>
<li><a href="http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/689">Revel, o el compromiso</a>, por Fernando Díaz Villanueva</li>
<li><a href="http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/420">La obsesión antiamericana</a>, por José García Domínguez</li>
<li><a href="http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/11">El Ladrón en la casa vacía</a>, por Carlos Semprún Maura</li>
<li><a href="http://http://libros.libertaddigital.com/el-siglo-de-revel-1276233590.html">El siglo de Revel</a>, por Horacio Vázquez-Rial</li>
<li><a href="http://www.abc.es/hemeroteca/historico-29-01-2004/abc/Internacional/jean-fran%C3%A7ois-revel-escritor-europa-aun-es-debil;-no-tiene-los-medios-para-ejercer-de-contrapeso-a-eeuu_235986.html">Jean-François Revel, escritor: «Europa aún es débil; no tiene los medios para ejercer de contrapeso a EE.UU.»</a></li>
<li><a href="http://www.etcetera.com.mx/pag58-60ne72.asp">Jean-Francois Revel frente a los medios</a></li>
</ul>
<p><strong>La gran mascarada</strong></p>
<ul>
<li><a href="http://www.elmundo.es/2000/11/24/cultura/24N0130.html">Revel dice que el peligro del comunismo fue engañar a la gente con un ideal noble</a></li>
<li><a href="http://www.ugm.cl/institutos/ced/articulos/2004/J-RAD_Gran-Mascarada_Revel.html">&#8220;La gran mascarada&#8221;</a>, por Rodrigo Ahumada Durán</li>
<li><a href="http://http://www.cubaliberal.org/cultura/020515-granmascarada.htm">La Gran Mascarada</a>, por Tomás G. Muñoz</li>
</ul>
<p><strong>La obsesión antiamericana</strong></p>
<ul>
<li><a href="http://http://www.hispanocubana.org/revistahc/paginas/revista8910/REVISTA18/cultura/obsesion.html">La obsesión antiamericana</a>, por Jessica Zorogastua</li>
<li><a href="http://www.todopolitica.com/libros/?n=la_obsesion_antiamericana">La obsesión antiamericana</a>, por Juan F. Cía</li>
<li><a href="http://www.ulibros.cl/estudio/la_obsesion_antiamericana.htm">La obsesión antiamericana</a>, por María José López Pourailly</li>
</ul>


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		<title>La gran mascarada</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 16:04:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Presentación
Hace diez años caía el régimen soviético, y no bajo las armas del adversario ?como le aconteció al nazismo-, sino por el efecto de su propia putrefacción interna. Muchos pensaron naturalmente que este acontecimiento, el mayor fracaso de un sistema político en la historia de la humanidad, suscitaría en el seno de la izquierda internacional [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Presentación</strong><br />
Hace diez años caía el régimen soviético, y no bajo las armas del adversario ?como le aconteció al nazismo-, sino por el efecto de su propia putrefacción interna. Muchos pensaron naturalmente que este acontecimiento, el mayor fracaso de un sistema político en la historia de la humanidad, suscitaría en el seno de la izquierda internacional una reflexión crítica sobre la validez del socialismo. Ocurrió lo contrario. Después de un período de aturdimiento, la izquierda ?sobre todo la no comunista- lanzó un impresionante batallón de justificaciones retrospectivas. De ello se extrae esta cósmica conclusión: parece ser que lo que verdaderamente rebate la historia del siglo XX no es el totalitarismo comunista sino&#8230; ¡el liberalismo! Por consiguiente, toda comparación ente los dos mayores totalitarismos, el comunismo y el nazismo, sigue siendo tabú: prohibido constatar la identidad de sus métodos, de sus crímenes y de su fijación antiliberal. Así, durante la década de 1990-2000, la izquierda no ha hecho esfuerzos sobrehumanos por no sacar fruto del naufragio de sus propias ilusiones. ¿Qué ha sido exactamente de esta &#8220;gran mascarada&#8221;? ¿No será este otro ejemplo más del divorcio entre el narcisismo ideológico y la verdad histórica? Este es el extraño equívoco que narra este libro y la &#8220;desconcertante mentira&#8221; que intenta exlplicar&#8230;</p>
<p>Editorial: Taurus (España)<br />
ISBN:84-306-0411-1<br />
319 páginas</p>


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		<title>El conocimiento inútil</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Aug 2006 09:11:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El conocimiento inútil por Jean-François Revel


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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.conoze.com/doc.php?doc=3741">El conocimiento inútil</a> por Jean-François Revel</p>


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		<title>Despedida a un combatiente, por Mario Vargas Llosa</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Aug 2006 09:06:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Despedida a un combatiente. Homenaje a Jean François Revel 

Por Mario Vargas Llosa
La muerte de Jean François Revel abre un vacío intelectual en Francia que, en lo inmediato, nadie va a llenar, priva a la cultura liberal de uno de sus más lúcidos y aguerridos combatientes y nos deja a sus lectores, admiradores y amigos [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>Despedida a un combatiente. Homenaje a Jean François Revel </strong><br />
<br />
Por Mario Vargas Llosa</em></p>
<p>La muerte de Jean François Revel abre un vacío intelectual en Francia que, en lo inmediato, nadie va a llenar, priva a la cultura liberal de uno de sus más lúcidos y aguerridos combatientes y nos deja a sus lectores, admiradores y amigos con una sobrecogedora sensación de orfandad.<br />
<span id="more-152"></span></p>
<p>Había nacido en 1924 en Marsella y aprobado todos los requisitos que en Francia auguran una carrera académica de alto nivel (Escuela Normal Superior, agregación en Filosofía, militancia en la resistencia durante la ocupación) y enseñado en los institutos franceses de México y Florencia, donde aprendió el español y el italiano, dos de los cinco idiomas que hablaba a la perfección. Su biografía oficial dice que su primer libro fue &#8220;Pourquoi des philosophes?&#8221; (1957) (¿Para qué los filósofos?), pero, en verdad, había publicado antes una novela, &#8220;Histoire de Flore&#8221;, que, por excesivo sentido de autocrítica, nunca reeditó. Aquel ensayo, y su continuación de cinco años después, &#8220;La Cabale des dévots&#8221; (1962) (La Cábala de los devotos) revelaron al mundo a un formidable panfletario a la manera de Voltaire, culto y pugnaz, irónico y lapidario, en el que la riqueza de las ideas y el espíritu insumiso se desplegaban en una prosa tersa y por momentos incandescente. Recuerdo haberlos leído sorprendido, sacudido, irritado y, a fin de cuentas, con inmenso placer. Todos los grandes íconos en aquellos años quedaban bastante despintados en esos ensayos que denunciaban el oscurantismo gratuito, pretencioso y tramposo del lenguaje en que se expresaba buena parte de la filosofía de moda (de Lacan a Heidegger, de Sartre a Teilhard de Chardin, de Merleau-Ponty a Lévy-Strauss). El panfleto, en el siglo dieciocho, no era en modo alguno esa forma retórica de diatriba vulgar y casi siempre insustancial que define en nuestra época aquel concepto, sino una comunicación polémica de alta cultura, un desafío semejante a las cartas de batalla medievales pero en el orden de las ideas, que empleaban los mejores talentos, volcando en esos textos sus mejores prendas intelectuales, para llegar a un público más vasto que el de los especialistas. Entre las mil actividades que desempeñó Jean François Revel, figura la de haber dirigido en la editorial inconformista de J.J. Pauvert una excelente colección, llamada &#8220;Libertés&#8221;, de panfletos en la que figuraban Diderot, Voltaire, Hume, Rousseau, Zola, Marx, Breton y muchos otros.</p>
<p>A esa dinastía de grandes polemistas, rebeldes y agitadores intelectuales pertenecía Jean François Revel y fue una verdadera suerte para la cultura de la libertad que, en 1963, abandonara su carrera universitaria para dedicarse de lleno al periodismo y a escribir sus ensayos, que llegaron a un público muy vasto, gracias al esfuerzo que hizo siempre, muy coherente con las críticas que había formulado a sus colegas filósofos, de conciliar el rigor intelectual con la claridad de la expresión. En esto fue todavía mucho más lejos que Raymond Aron, su amigo y maestro y a quien heredó la responsabilidad de ser el gran valedor de las ideas liberales en un país y en un momento histórico en que &#8220;el opio de los intelectuales&#8221; (como llamó Aron al marxismo en un ensayo célebre) tenía poco menos que hechizada a la intelectualidad francesa (La obnubilación llegó a tal extremo que el inteligente Sartre había declarado, a su regreso de un viaje a Moscú: &#8220;La libertad de crítica es total en la Unión Soviética&#8221;). Todos los libros de Revel, sin excepción, están al alcance de un lector medianamente culto, pese a que en algunos de ellos se discuten asuntos de intrincada complejidad, como doctrinas teológicas, eruditas polémicas de filología o estéticas, descubrimientos científicos o teorías sobre el arte. Nunca recurrió a la jerga especializada ni confundió la oscuridad con la profundidad. Fue siempre claro sin ser jamás superficial. Que eso lo consiguiera en sus libros, ya es un mérito; pero lo es todavía más que esa fuera la tónica de los centenares de artículos que escribió, en las publicaciones en que a lo largo de más de medio siglo comentó cada semana la actualidad: &#8220;France Observateur&#8221;, &#8220;L&#8217;Express&#8221; (del que fue director) y &#8220;Le Point&#8221;.</p>
<p>Por ignorantes, o para tratar de desprestigiarlo, muchos cacógrafos lo han presentado en estos días como un pensador &#8216;conservador&#8217;. No lo fue nunca. Fue, en su juventud, un socialista, y por eso se opuso, con críticas acerbas, a la Quinta República del general de Gaulle (&#8221;Le Style du Géneral&#8221;, 1959), y todavía en 1968 se enfrentó, en un ensayo sin misericordia, a la Francia de la reacción (&#8221;Lettre ouverte a la droite&#8221;). El año anterior, había sido candidato a diputado por el partido de François Mitterrand. Toda su vida fue un republicano ateo y anticlerical, severísimo catón del espíritu dogmático de todas las iglesias y en especial la católica, un defensor del laicismo y del racionalismo heredados del siglo de las luces (se explayó al respecto con sabiduría y humor en su libro-polémica con su hijo Matthieu, monje tibetano y traductor del Dalai Lama: &#8220;Le Moine et le Philosophe&#8221; (1997)). Dentro del espectro de variantes del liberalismo, Revel estuvo siempre en aquella que más se acerca al anarquismo, aunque sin caer en él, como sugiere aquella insolente declaración del principio de sus memorias: &#8220;Aborrezco a la familia, tanto aquella en la que nací como las que yo mismo fundé&#8221;.</p>
<p>Pero es verdad que el grueso de sus críticas, y esos libros que provocaron verdaderos seísmos intelectuales en el seno de la corrección política, se dirigían a esa izquierda enemistada con la cultura democrática, la sometida al dogmatismo marxista o maoísta, y, sobre todo, a la acobardada y paralizada por el temor de ser acusada de &#8220;venderse a la reacción&#8221;, que sirvió en tantos países de Caballo de Troya del totalitarismo, y a la proliferación de una literatura política supuestamente progresista sin vuelo, sin músculos y sin alma, hecha de lugares comunes y retórica estupefaciente. &#8220;La Tentation totalitaire&#8221; (1976), &#8220;Comment les démocraies finissent&#8221; (1983), &#8220;Le Terrorisme contra la démocratie&#8221; (1987) y &#8220;La Connaissance inutile&#8221; (1988) provocaron intensas y estimulantes polémicas y sirvieron para mostrar que un pensador liberal podía ser, si tenía el talento, la cultura y la valentía de un Revel, de encarnar el verdadero espíritu inconforme y trasgresor en tiempos de abdicación y aplatanamiento moral de la izquierda democrática.</p>
<p>Pero sería una gran injusticia hablar de Jean François Revel solo como un ensayista político. En realidad, fue un humanista moderno, con curiosidades por todo el abanico de vocaciones y disciplinas, las letras y las artes, como testimonian sus libros y sus artículos que versan sobre los temas más diversos. Pero en ninguno de los temas sobre los que escribió aparecía como un mero diletante. Su ensayo sobre Proust es delicado y sensible, una lectura original, con algunos hallazgos sorprendentes. Y también lo son sus escritos sobre el arte, y la crítica de arte, que revelan una larga frecuentación de museos, galerías y bibliotecas afines. Su hermosa &#8220;Antología de la Poesía Francesa&#8221; (1991) muestra una curiosa mezcla de amor por la tradición y la vanguardia al mismo tiempo y es, como todo lo que escribió, iconoclasta y original. Su libro sobre gastronomía, &#8220;Un festín en paroles&#8221; (1979) es, qué duda cabe, el libro de alguien que sabía muy bien de lo que hablaba. Verlo disfrutar de la comida era un espectáculo, solo comparable al que ofrecía Pablo Neruda frente a una mesa llena de manjares. Todo su inmenso amor a la vida &#8211;a esta vida, la única en la que creía&#8211; transparecía allí, en el brillo feliz de sus ojos, en la seriedad con que probaba cada bocado, en la gran sonrisa que era signo inequívoco de su aprobación.</p>
<p>Desde que, en su juventud, pasó dos años en México, como profesor, se interesó en América Latina, leyó mucho su literatura y estudió su historia y siguió sus avatares políticos con la seriedad y la falta de prejuicios que le permitieron conocer al continente de las esperanzas frustradas como muy pocos intelectuales europeos. También en este campo dio una batalla que nunca podremos agradecerle bastante los latinoamericanos. Es verdad que no era suficiente contrapeso al inmenso caudal de estereotipos y distorsiones que anegan por lo general los artículos y ensayos sobre América Latina que se publican en Europa, pero sin él las cosas hubieran sido todavía mucho peor. Cada una de las giras de Jean François Revel por los países latinoamericanos en las últimas tres décadas fueron enormemente positivas y gracias a él, por ejemplo, el venezolano Carlos Rangel se animó a publicar sus magníficos ensayos.</p>
<p>El temible polemista era un hombre bueno, generoso, un amigo leal, deslumbrante en las conversaciones de pequeños grupos, cuando, con una copa en la mano, se abandonaba al chisme, la anécdota, la picardía y el humor, inmensamente divertido. Parecía haberlo leído todo, pues sobre casi todo hablaba con una solvencia tranquila y una memoria de elefante, pero no había en él ni asomo de pedantería. Todo lo contrario. Nos conocimos a principios de los años setenta y, desde entonces, fuimos amigos, y también, creo que puedo decirlo sin parecer jactancioso, compañeros de barricada, porque ninguno de los dos se avergonzaba de ser llamado un liberal, palabra que, a pesar de todas las montañas de insidia con que han querido ensuciarla en estas décadas, sigue siendo, para mí, como lo era para Revel, una palabra hermosísima, pariente sanguínea de la libertad y de las mejores cosas que le han pasado a la humanidad, desde el nacimiento del individuo, la democracia, el reconocimiento del otro, los derechos humanos, la lenta disolución de las fronteras y la coexistencia en la diversidad. No hay palabra que represente mejor la idea de civilización y que esté más reñida con todas las manifestaciones de la barbarie que han llenado de sangre, injusticia, censura, crímenes y explotación la historia humana. Y pocos intelectuales modernos obraron tanto como Revel para mantenerla viva y operante en estos tiempos difíciles. </p>
<p>Querido Jean François, te vamos a extrañar.</p>
<p>PARÍS, 2 DE MAYO DE 2006<br />
© MARIO VARGAS LLOSA, 2006. <br />
© DIARIO &#8220;EL PAÍS&#8221;, SL/ MARIO VARGAS LLOSA. PRISACOM.</p>


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		<pubDate>Thu, 03 Aug 2006 09:02:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Traduction française
Revel, combattant et philosophe
La taille de l’académicien, la force de l’engagement anti-totalitaire, la profondeur et la diversité de son œuvre n’arrêtent pas d‘impressionner. 
Par Nicolas Baverez, Historien et économiste.

Le 30 avril, à l’âge de 82 ans, mourait Jean-François Revel. Avec lui, disparaît le dernier des libéraux français du 20ème siècle dans la lignée des [...]


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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Traduction française</strong></p>
<p><strong><em>Revel, combattant et philosophe</em></strong></p>
<p><em>La taille de l’académicien, la force de l’engagement anti-totalitaire, la profondeur et la diversité de son œuvre n’arrêtent pas d‘impressionner.</em> <br />
Par <strong>Nicolas Baverez</strong>, Historien et économiste.</p>
<p><span id="more-154"></span></p>
<p>Le 30 avril, à l’âge de 82 ans, mourait Jean-François Revel. Avec lui, disparaît le dernier des libéraux français du 20ème siècle dans la lignée des Elie Halévy et Raymond Aron. Tous les trois ont affronté les grandes guerres et idéologies qui ont dévasté le 20ème siècle dans une violence sans précédent causée par la mobilisation des formidables moyens de la société industrielle au service de l’avilissement des hommes et de leur extermination. Les trois, surgis des rangs de la gauche, se sont convertis au libéralisme pour préserver la démocratie, sous la pression de l’histoire et avec l’exercice de la raison critique. Les trois laissent une œuvre immense, située sous le double signe de la philosophie et de l’histoire, du travail scientifique et du combat anti-totalitaire.</p>
<p>Elie Halévy a formulé dans les années trente les premières comparaisons entre l’hitlérisme et le stalinisme. Raymond Aron a dénoncé les dangers du pacifisme, s’est engagé avec la France libre avant de se convertir en héraut de la résistance au communisme dans les pires années de la Guerre Froide, surtout à travers la dénonciation de l’Opium des intellectuels. Jean-François Revel a analysé et combattu sans relâche les stratèges de l’idéologie, « cette construction a priori élaborée sans tenir compte des faits et droits, contrairement à la fois à la science et à la philosophie, à la religion et à la morale », au delà de la révolution de la liberté de 1989 qui a marqué la fin du Soviétisme.</p>
<p>Jean-François Revel fut aussi la dernière grande figure de l’intellectuel après la seconde guerre mondiale. Un intellectuel engagé, qui est entré dans la  Résistance en même temps qu’il accédait à l’âge adulte, militant pour la décolonisation, opposant déclaré à l’autoritarisme de la Vème république, férocement anti-communiste. Un intellectuel universel à la fois logique et pamphlétaire, philosophe et critique d’art, styliste et gastronome. Un intellectuel cosmopolite, marque de fabrique qui distingue les libéraux au sein des intellectuels français, qui parlait cinq langues et avait vécu au Mexique et en Italie avant de parcourir inlassablement le monde, cultivant les amitiés avec Breton, Borges, Paz ou Vargas Llosa.</p>
<p>La taille de l’académicien, la force de l’engagement anti-totalitaire, la profondeur et la diversité de son œuvre n’arrêtent pas d ‘impressionner. Mais l’image de commandeur des lettres ne doit pas cacher l’homme et sa trajectoire, qui apporte le démenti le plus mordant à tous ceux qui prétendent que les libéraux sont nécessairement froids, ennuyeux et tristes, qu’ils n’ont pas d’histoire car il n’ont pas de vie. </p>
<p>En effet, rien chez Revel n’est droit, sauf sa pensée. Tout chez cette figure par excellence de la raison et la liberté s’est construit au terme d’un parcours chaotique et parfois douloureux, un chemin décidément personnel en marge des institutions, des modes et des préjudices, ouvert à l’horizon, assumant délibérément le risque des hasards de l’histoire et des retrouvailles. Rien ne résulte de l’évidence. Tout est histoire de lignes brisées et de ruptures. Rupture avec sa famille et surtout avec son père, à travers son engagement dans la résistance. Rupture avec la religion et toutes formes de dogme après son chemin rocambolesque aux côtés de las secte de Gurdjieff , ce qui ne l’empêchait pas de réserver une possibilité pour la foi, comme le montre le dialogue avec son fils Matthieu, converti au bouddhisme. Rupture avec l’université pour choisir l’écriture et l’édition. Rupture avec la gauche après la rencontre éphémère avec F Mitterrand sous la bannière de l’anti-gaullisme dans les années soixante. Rupture avec l’Express en solidarité avec O. Todd, renvoyé par Jimmy Goldsmith après les élections présidentielles de 1981. Rupture surtout avec le mensonge, le conformisme et le bien penser qui l’a toujours converti en un dissident, au même titre que les intellectuels de l’Europe de l’Est résistaient au Soviétisme.</p>
<p>Dans la personnalité de Revel cohabitaient un Thucydide du 20ème siècle, un Cyrano de Bergerac et un Gargantua. La philosophie n’était pas tout éthérée, mais se dirigeait et tendait vers l’action et le réel. La logique s ‘alimentait d’une boulimie d’informations, de faits, de lectures, d’expérience, de sensations. La liberté et la vérité faisaient chemin en compagnie de la recherche du bonheur et le goût de la beauté, celle des choses et encore plus celle des êtres. La percussion de la pensée et la limpidité du style n’avaient pas leur origine dans une méthode linéaire, mais dans un rapprochement oblique, où la rectitude du jugement naissait de la multiplication des angles et de l’abondance des matériaux bruts. L’éclat de l’intelligence tenait son origine d’une formidable vitalité, une énergie inépuisable qui multipliait les polémiques et les attaques.</p>
<p>Cependant, quatre convictions donnent à ce parcours singulier et à cette œuvre titanesque une cohérence et une unité indiscutables. La première réside dans la force des idées et la pensée, qui, selon ce qu’a démontré la révolution de 1989, peut triompher, même des empires totalitaires. La deuxième, il faut la chercher dans la primatie et le pouvoir de la liberté, qui établit un lien fondamental entre le choix de la démocratie et celui du marché. La troisième est liée à la raison critique, arme de destruction massive contre les idéologies et les mythes. La quatrième consiste en le respect de la connaissance et de la chasse impitoyable du mensonge et de l’erreur : ainsi, ses mémoires intitulées « Le voleur dans la maison vide », loin de se livrer à une plaidoirie pro domo, le dévoilent aussi véritable et ironique face à lui même que face aux autres ou aux événements.</p>
<p>Aux folies et aux passions qui ravagent la vie politique française, où l’anti-libéralisme rivalise avec l’anti-globalisation et l’anti-américanisme, Jean-François Revel opposait l’antidote de la précision en établissant les faits, l’antidote de la logique d’argumentation, de la précision du raisonnement. Loin d’être un nostalgique de la Guerre Froide, il avait pris la pleine mesure du fanatisme religieux et le retour agressif des  sentiments d’identité libérés par la chute des idéologies du 20ème siècle, parce qu’il mesurait la puissance de l’irrationnel, des dogmes et des extrémismes. Loin d’idéaliser la France Gaulliste, il voyait dans le caractère monarchique et absolu des institutions e la Vème république la cause profonde du divorce entre la France et la modernité. De plus, l’Histoire lui donne raison au moment où il quitte ce monde, tant en ce qui concerne sa conviction que le 21ème siècle sera libéral qu’en ce qui concerne la constatation que la France a manqué ce rendez-vous capital, emmêlée dans sa fascination pour les fantômes du passé, et au culte pervers des idéologies qui ont ensanglanté le 20ème siècle ; la globalisation se réduisant à l’état suprême du communisme, pendant que se déchaînent les tentations protectionnistes xénophobes.</p>
<p>Face au tissu de mensonges et à cette démagogie qui s’empare de la France, Revel et sa  silhouette de médaille romaine rendent l’ image d’une vertu et d’une sagesse inébranlables, imbibées d’Antiquité. Il a fait sienne cette maxime de Héraclite selon laquelle : « Pour être sage, il ne suffit pas d’être érudit. Faire de la philosophie c’est devenir avant tout un homme de bien, aspirer au salut et la joie par le bon chemin indiquant à ceux qui le veulent bien, de même manière avec l’exemple qu’avec l’enseignement, le chemin de la sagesse. » Ses combats sont les preuves de sa conviction que la conversion de l’homme à la liberté et à la raison n’est pas chose acquise, mais est encore possible, ce qui exclut le désespoir. Sa lucidité lui a fait reconnaître que les idéologies et les fantômes s’alimentent de leur échecs et faillites. La foi en la liberté et la reconnaissance du pouvoir des ennemis sont les conditions pour la survie de la démocratie du 20ème siècle. Pour cela, la pensée et le combat anti-totalitaire de Jean-François Revel demeurent complètement d’actualité et constituent le viatique le plus salutaire pour les citoyens des démocraties en général et pour les français en particulier.</p>
<p><em>La talla del académico, la fuerza del compromiso antitotalitario, la profundidad y diversidad de su obra no dejan de impresionar&#8230;</em></p>
<p><strong>Por NICOLÁS BAVEREZ. Historiador y economista</strong></p>
<p>EL 30 de abril, a la edad de 82 años, fallecía Jean-François Revel. Con él desaparece el último de los liberales franceses del siglo XX, en la línea de Elie Halévy y Raymond Aron. Los tres se enfrentaron a las grandes guerras y a las ideologías que devastaron el siglo XX con una violencia sin igual causada por la movilización de los formidables medios de la sociedad industrial al servicio del envilecimiento de los hombres y de su exterminio. Los tres, surgidos de las filas de la izquierda, se convirtieron al liberalismo para preservar la democracia, bajo la presión de la historia y con el ejercicio de la razón crítica. Los tres dejan una obra inmensa, situada bajo el doble signo de la filosofía y la historia, el trabajo científico y el combate antitotalitario.</p>
<p>Elie Halévy formuló en los años treinta las primeras comparaciones entre el hitlerismo y el estalinismo. Raymond Aron denunció los peligros del pacifismo, se comprometió con Francia Libre antes de convertirse en heraldo de la resistencia al comunismo en los peores años de la Guerra Fría, sobre todo a través de la denuncia de El opio de los intelectuales. Jean-François Revel analizó y combatió sin descanso los estragos de la ideología, esa «construcción a priori elaborada sin tener en cuenta los hechos y los derechos, lo contrario a la vez de la ciencia y la filosofía, de la religión y la moral», más allá de la revolución de la libertad de 1989 que marcó el fin del sovietismo.</p>
<p>Jean-François Revel fue también la última gran figura del intelectual posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un intelectual comprometido, que entró en la Resistencia a la vez que accedía a la edad adulta, militante de la descolonización, opositor declarado del autoritarismo de la Quinta República, ferozmente anticomunista. Un intelectual universal a la vez lógico y panfletista, filósofo y crítico de arte, estilista y gastrónomo. Un intelectual cosmopolita, marca de fábrica que distingue a los liberales en el seno de la intelectualidad francesa, que hablaba cinco lenguas y había vivido en México e Italia antes de recorrer incansablemente el mundo, cultivando la amistad de Breton, Borges, Paz o Vargas Llosa.</p>
<p>La talla del académico, la fuerza del compromiso antitotalitario, la profundidad y diversidad de su obra no dejan de impresionar. Pero la imagen de comendador de las letras no debe ocultar al hombre y su trayectoria, que aportan el desmentido más mordaz a todos los que pretenden que los liberales son necesariamente fríos, aburridos y tristes. Que no tienen historia porque no tienen vida.</p>
<p>En efecto, nada en Revel es recto, excepto su pensamiento. Todo en esta figura por excelencia de la razón y la libertad se construyó al término de un recorrido caótico y a veces doloroso, un camino decididamente personal, al margen de las instituciones, las modas y los prejuicios, abierto al gran horizonte, asumiendo deliberadamente el riesgo de los azares de la historia y los reencuentros. Nada se deriva de la evidencia. Todo son líneas quebradas y rupturas. Ruptura con su familia, y sobre todo con su padre, a través de su compromiso con la Resistencia. Ruptura con la religión y con cualquier forma de dogma después de su rocambolesco camino junto a la secta de Gurdjieff, lo que no le impedía reservar la posibilidad de la fe, como muestra el diálogo con su hijo Matthieu, convertido al budismo. Ruptura con la Universidad para elegir la escritura y la edición. Ruptura con la izquierda después del efímero encuentro con François Mitterrand bajo la bandera del antigaullismo en los años sesenta. Ruptura con L´Express por solidaridad con Olivier Todd, despedido por Jimmy Goldsmith después de las elecciones presidenciales de 1981. Ruptura sobre todo con la mentira, el conformismo, el bien pensar que le convirtió siempre en un disidente, al mismo nivel que los intelectuales de la Europa del Este que resistían contra el sovietismo.</p>
<p>En Revel cohabitan así un Tucídides del siglo XX, un Cirano de Bergerac y un Gargantúa. La filosofía no era en absoluto etérea, sino que se dirigía y tendía hacia la acción y lo real. La lógica se alimentaba de una bulimia de informaciones, de hechos, de lecturas, de experiencias, de sensaciones. La libertad y la verdad caminaban en compañía de la búsqueda de la felicidad y el gusto por la belleza, la de las cosas y aún más la de los seres. La percusión del pensamiento y la limpidez del estilo no tenían su origen en un método lineal, sino en un acercamiento oblicuo, donde la rectitud del juicio nacía de la multiplicación de los ángulos y de la abundancia de los materiales brutos. El brillo de la inteligencia tenía su origen en una formidable vitalidad, una energía inagotable que multiplicaba las polémicas o los ataques.</p>
<p>Sin embargo, cuatro convicciones dan a este recorrido singular y a esta obra titánica una coherencia y una unidad indiscutibles. La primera reside en la fuerza de las ideas y el pensamiento, que, según demostró la revolución de 1989, puede triunfar, incluso sobre los imperios totalitarios. La segunda hay que buscarla en la primacía y el poder de la libertad, que establece un lazo fundamental entre la elección de la democracia y la del mercado. La tercera está ligada a la razón crítica, arma de destrucción masiva contra las ideologías y los mitos. La cuarta consiste en el respeto al conocimiento y la caza despiadada a la mentira y el error: así, sus memorias tituladas Le voleur dans la maison vide (El ladrón en la casa vacía), lejos de entregarse a un alegato pro domo, le descubren tan verdadero e irónico frente a sí mismo como frente a los demás o a los acontecimientos.</p>
<p>A las locuras y las pasiones que asuelan la vida política francesa, donde el antiliberalismo rivaliza con la antiglobalización y el antiamericanismo, Jean-François Revel oponía el antídoto de la precisión al establecer los hechos, de la lógica de la argumentación, de la precisión del razonamiento. Lejos de ser un nostálgico de la Guerra Fría, había tomado la plena medida del fanatismo religioso y la vuelta agresiva de los sentimientos de identidad liberados por la caída de las ideologías del siglo XX, porque medía la potencia de lo irracional, de los dogmas y de los extremismos. Lejos de idealizar la Francia gaullista, veía en el carácter monárquico y absolutista de las instituciones de la Quinta República la causa profunda del divorcio entre Francia por una parte y la modernidad por otra. Además, la historia le da la razón en el momento en que deja este mundo, tanto en su convencimiento de que el siglo XXI será liberal como en la constatación de que Francia ha faltado a esta cita capital, entregada a su blanda fascinación por los fantasmas de su pasado y al culto perverso de las ideologías que han ensangrentado el siglo XX, reduciéndose la antiglobalización al estadio supremo del comunismo, mientras se desencadenan las tentaciones proteccionistas y xenófobas.</p>
<p>Frente a la bola de mentiras y demagogia que se apodera de Francia, Revel y su perfil de medalla romana devuelven la imagen de una virtud y una sabiduría inquebrantables, embebidas de Antigüedad. Hizo suya la máxima de Heráclito según la cual: «Para ser sabio no basta con ser erudito. Filosofar es convertirse ante todo en un hombre de bien, aspirar a la salvación y la felicidad por el buen camino indicando a aquellos que lo deseen, con el ejemplo igual que con la enseñanza, el camino a la sabiduría». Sus combates dan testimonio de su convicción de que la conversión de los hombres a la libertad y la razón no es algo adquirido, pero todavía es posible, lo cual excluye la desesperanza. Su lucidez le hizo reconocer que las ideologías y los fantasmas se alimentan de sus fracasos y sus mismas quiebras. La fe en la libertad y el reconocimiento del poder de los enemigos son las condiciones para la supervivencia de la democracia del siglo XXI. Por eso, el pensamiento y el combate antitotalitarios de Jean-François Revel siguen siendo completamente actuales y constituyen el viático más saludable para los ciudadanos de las democracias en general y para los franceses en particular.</p>


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